Tabla de contenidos
El peinado y el maquillaje son menos una cuestión de gusto que una cuestión de horario. Hay cuatro decisiones encadenadas: a quién de vosotros se peina y maquilla, quién lo hace, si ocurre en un salón o donde os alojáis, y a qué hora empieza. Solo esas cuatro producen una hora, y esa hora decide cuándo os levantáis o a qué hora dejáis de hacer cualquier otra cosa el día de la boda.
La mayoría de artículos sobre esto enseñan peinados. Eso ayuda a elegir, pero no con las preguntas que siguen abiertas una semana antes: viene alguien a vosotros o vais vosotros, cuánto se tarda por persona, quién paga a los acompañantes, y qué pasa si la persona reservada se pone enferma.
Este artículo responde exactamente a eso. Vale para todo el que se peine y maquille, con independencia de quién lleve vestido y quién traje: también para la otra mitad de la pareja se reserva cita a menudo, y esa cita se cae del plan con regularidad. Y una advertencia de calendario que el original en inglés no necesita: aquí no todas las bodas se preparan por la mañana. Una boda de mediodía sí ocupa la mañana entera; una boda de tarde, con ceremonia a las siete o a las ocho, traslada el bloque a la hora de comer y a la primera tarde. Los tiempos de este artículo son los mismos en ambos casos; lo que cambia es dónde se apoyan.
1. Cuatro decisiones encadenadas
Estas cuatro preguntas no se pueden responder por separado. Cada respuesta cambia las otras tres, así que pertenecen a una misma sentada.
| Pregunta | De qué depende |
|---|---|
| ¿A quién se peina y maquilla? | A una persona, a la pareja, o también al grupo cercano, a las madres y a los niños. Cada persona de más añade entre media hora y una hora al bloque. |
| ¿Quién lo hace? | Vuestro propio salón, alguien especializado en bodas, dos profesionales distintos para peinado y maquillaje, o vosotros mismos. |
| ¿Dónde ocurre? | En un salón, en el alojamiento, en casa o en la finca. Eso decide desplazamiento, luz y espacio. |
| ¿A qué hora empieza? | Se deduce de las tres respuestas anteriores y de la hora de la ceremonia, no al revés. |
La decisión que más se tuerce es la primera. Si aceptáis sobre la marcha que también se peinen una madre, una hermana y dos amigas, habéis añadido entre dos horas y media y cuatro al bloque, y ahora necesitáis o un segundo profesional o empezar mucho antes. Las dos cosas funcionan perfectamente cuando están decididas. Se vuelven desagradables cuando aparecen la víspera.
Así que decidid primero quién entra, y decidlo después con claridad. Una frase como: reservamos estilismo para nosotros dos, cualquiera puede ir encantado a su propia peluquería, no es antipática. Es una base de planificación, y además una base más cómoda para todos los demás.
Una cita de estilismo no es un servicio que se reserva. Es un bloque dentro del horario del día de la boda.
2. Salón o a domicilio: la diferencia no es solo el desplazamiento
Las dos opciones funcionan. Se diferencian en tiempo, en coste y en algo que solo se nota el mismo día: la luz.
| Punto | En un salón | Donde estéis vosotros |
|---|---|---|
| Tiempo | Se suman la ida y la vuelta, normalmente media hora por trayecto o más | ningún desplazamiento para vosotros, pero sí tiempo de montaje para el profesional |
| Coste | sin gastos de desplazamiento, y a menudo un precio base más bajo | gastos de desplazamiento y, a veces, recargo por empezar muy temprano |
| Equipo | está todo, lavacabezas incluido | tenéis que poner luz, enchufe, mesa, silla, espejo y espacio |
| Luz | uniforme y pensada para el trabajo | la luz natural de una ventana es mejor, cualquier plafón de techo es peor |
| Fotos | rara vez sirve | la habitación de los preparativos es motivo fotográfico, así que recogedla en consecuencia |
Si reserváis a domicilio, dejad cerradas tres cosas que nadie plantea solo: dónde hay una mesa junto a una ventana, dónde está el enchufe más cercano y quién se asegura de que la habitación esté libre y recogida a esa hora. Preguntad además por los gastos de desplazamiento y a partir de qué hora se aplica recargo por madrugar. Ambas cosas son práctica corriente en la mayoría de mercados, los importes varían mucho, y ninguna de las dos suele aparecer en una primera lista de precios.
Vuestro propio salón es un caso especial. Conoce vuestro pelo, pero un sábado por la mañana suele estar lleno de trabajo normal y rara vez se desplaza. Preguntad igualmente: algunos salones ofrecen citas de boda antes de abrir, y esa es a menudo la solución más tranquila de todas.
3. Orden y tiempos en las horas previas
Las decisiones se convierten en un horario, y el horario se cuenta hacia atrás desde la ceremonia. Estas cifras son por persona y deliberadamente generosas, porque terminar antes de tiempo no le hace daño a nadie.
| Paso | Duración |
|---|---|
| Peinado de quien tiene que estar lista primero | de 60 a 90 minutos |
| Maquillaje de esa misma persona | de 45 a 60 minutos |
| Cada persona adicional, peinado y maquillaje juntos | de 45 a 60 minutos |
| Vestirse con ayuda | de 20 a 30 minutos |
| Colchón antes de salir | al menos 30 minutos |
Dos reglas útiles sobre el orden. La primera: quien termine el último debería ser la persona a la que se ve primero, para que el resultado esté fresco. La segunda: vestirse va después del maquillaje, no antes, y con ayuda en vez de por la cabeza. Quien lleve algo que solo entra por la cabeza debería decirlo antes, y el maquillaje se planifica alrededor.
El velo o el tocado los coloca el profesional antes de irse. Dejadlo dicho expresamente, o alguien que no lo ha hecho nunca estará prendiéndolo una hora más tarde. Si planeáis fotos antes de la ceremonia, todo el bloque se adelanta: contad con otros sesenta a noventa minutos y fijad el inicio antes. Y si vuestra boda es de tarde, aplicad la misma cuenta hacia atrás pero mirad además la hora de comer: un bloque de cuatro horas que empieza a mediodía deja a media docena de personas sin comer, y eso se nota a las nueve de la noche. Cómo poner el día entero en secuencia está en nuestro artículo sobre la cronología del día, y lo que conviene tener preparado para las fotos de los preparativos está recogido en el checklist de fotografía.
Artículos relacionados
4. Lo que debe estar en el presupuesto antes de decir que sí
Las citas de estilismo se acuerdan a menudo de palabra, y ahí es justo donde se rompen. Pedid una confirmación por escrito con estos siete puntos.
- Hora y lugar, no solo el día. Y con ello el tiempo previsto.
- El número de personas y qué se cobra por cada una.
- Desplazamiento y recargos, desglosados aparte, incluido a partir de qué hora se aplica el recargo por madrugar.
- La prueba: si va incluida, qué cuesta aparte y si se descuenta después.
- Quedarse o marcharse: algunos profesionales se quedan, mediante pago, hasta después de las primeras fotos para retocar. Decidid si lo queréis.
- Suplencia: quién viene si la persona reservada se pone enferma. Un sustituto dentro de su red es buena señal, no una excusa.
- Señal y condiciones de cancelación, para las dos partes. Incluido el caso de que aplacéis la boda.
El sexto punto es el más importante y casi nunca se plantea. El día de la boda no hay sustituto para un profesional que no aparece, y la probabilidad de que alguien caiga enfermo a lo largo de doce meses no es pequeña. Preguntadlo en un tono que deje claro que va de planificación y no de desconfianza.
Sumad el coste de todas las personas que se peinan y maquillan y meted el total en el presupuesto como línea propia, en lugar de archivarlo en varios. Dos personas más una prueba alcanzan enseguida el orden de magnitud de una cena para media docena de invitados. Cuánto margen tenéis para eso lo muestra nuestro artículo sobre cómo repartir el presupuesto de boda.
5. Lo que preparáis vosotros
La parte más pequeña, pero la de las sorpresas más feas. Cinco cosas que resolvéis vosotros en las semanas previas.
- Nada nuevo a última hora. Ni color nuevo, ni corte nuevo, ni primer tratamiento facial de vuestra vida la semana antes. Lo que queráis cambiar, cambiadlo al menos cuatro semanas antes, para que quede tiempo de corregirlo.
- Lavaos el pelo la víspera, no esa misma mañana. El pelo recién lavado sujeta peor el peinado. Preguntad igualmente, porque algunos profesionales quieren lo contrario.
- Probad los productos nuevos, incluidos los que os regalen. Una reacción a un producto desconocido es rara, pero no tiene arreglo el día de la boda.
- Cuidado con el moreno, venga del sol o de un bote. Los dos cambian el tono de la piel y con él la elección de color, y una raya en el escote sale en todas las fotos.
- Imágenes en lugar de palabras. Reunid tres fotos de lo que queréis y tres de lo que no queréis de ninguna manera. El segundo grupo es el más útil y casi nunca se lleva.
Para el día en sí, polvos, un labial o un brillo en vuestro tono y unas horquillas van en el bolso de alguien que se quede cerca. Qué más va ahí está recogido en nuestro kit de emergencia.
Si una prueba previa merece la pena depende sobre todo de si esa persona ya os conoce a vosotros y a vuestro pelo, y de cuánto os alejéis de vuestro aspecto de siempre. Esa decisión la tratamos en un artículo aparte sobre la prueba de estilismo, porque depende del coste y del calendario más que del gusto.
El peinado y el maquillaje quedan decididos en cuanto existen cuatro respuestas: quién, con quién, dónde y desde qué hora. Esas cuatro producen una hora, y esa hora es el único número que cuenta de verdad el día de la boda. Todo lo demás, del acuerdo de suplencia a los polvos del bolso, cuelga de ahí.
El siguiente paso sensato es una lista corta: escribid quién se peina y maquilla y sumad los tiempos del apartado tres. Si el resultado es un inicio antes de las siete de la mañana en una boda de mediodía, o un bloque que se come la hora de comer en una boda de tarde, toca un segundo profesional o una lista más corta.
¿Planificas la boda de tus sueños?
Crea tu propio sitio web de boda en minutos – con RSVP, galería de fotos y más.