¿Por qué la pareja sierra un tronco a la salida?

¿Por qué la pareja sierra un tronco a la salida?

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En el sur de Alemania, en Austria y en Suiza, la pareja recién casada sierra un tronco con una sierra de dos mangos delante de todos, casi siempre a la puerta de la iglesia. Es la primera tarea que solo sale entre dos, y quien llega de fuera se pregunta enseguida si tiene que echar una mano.

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La escena desconcierta la primera vez: acaba la ceremonia, la gente sale, y donde uno espera el arroz hay un caballete de madera, un tronco encima y una sierra de dos mangos apoyada al lado. Nadie lo explica, porque para media sala no hace falta explicarlo.

Esta página está escrita para la otra media. Para quien se casa con una pareja alemana, austriaca o suiza; para quien ha recibido una invitación y ha visto la palabra Baumstammsägen sin traducción; para quien vio la foto y no supo si aquello era una broma de los testigos o parte del rito.

Aquí van, por orden: dónde vive de verdad la costumbre, qué representa, cómo transcurre y qué se espera de un invitado. Esto último tiene una respuesta que conviene saberse antes: mirar, animar y no coger la sierra.

1. Dónde vive la costumbre

Lo primero es no decir «en Alemania», porque no es cierto de toda Alemania. El Baumstammsägen está firmemente asentado en el sur —Baviera y Baden-Wurtemberg sobre todo—, en Austria y en Suiza, y allí se hace casi siempre justo después de la ceremonia religiosa, en la explanada delante del portal.

En el norte de Alemania está mucho menos arraigado. Aparece, y cada vez más, pero como algo importado: alguien lo vio en una boda, le gustó y lo propuso para la suya. Esa diferencia importa si os están organizando la boda o si os invitan, porque en el sur nadie pregunta qué es y en el norte lo pregunta media sala.

La antigüedad no se puede fijar con seriedad. Pertenece al grupo de juegos de boda que nacieron en el campo a partir del trabajo cotidiano: lo que de todos modos había que hacer entre dos se convirtió en imagen del matrimonio. Al lado existen, según la comarca, tareas hermanas con la misma lógica: tender la ropa, clavar clavos en un tocón, trillar. Ninguna necesita explicación cuando se ve.

Conviene añadir que no es un rito religioso ni tiene papel litúrgico, aunque se haga a la puerta de una iglesia. Es un juego, y en algunas parroquias ya no se permite por una razón nada solemne que veremos luego.

El tronco no mide la fuerza de nadie. Mide si dos personas son capaces de tirar al mismo ritmo.

2. Lo que representa: tirar, no empujar

La lectura es sencilla y casi nadie la discute. La sierra de dos mangos no avanza si los dos empujan: el que empuja atasca la hoja, y el que tira solo se agota en un minuto. Avanza cuando cada uno tira a su turno, con la misma fuerza y en el mismo compás. Ahí está la imagen entera, y por eso funciona sin que nadie la explique en voz alta.

Que salga bien no dice nada sobre quién es más fuerte, y merece subrayarse porque es justo lo que un espectador de fuera suele leer. Una pareja menuda con madera blanda termina antes que una atlética con roble: el resultado depende del material y no de los brazos.

Tiene además una función social que se agradece mucho: da a los invitados algo que hacer en ese cuarto de hora muerto entre el final de la ceremonia y la salida hacia el banquete, cuando nadie sabe dónde ponerse. Se anima, se hacen fotos, se comenta desde atrás.

Y queda un objeto. La rodaja sobrevive a la boda, y muchas parejas la secan, la lijan y la graban con la fecha para usarla después como soporte de tarta, como cartel de entrada o como recuerdo colgado.

2. Lo que representa: tirar, no empujar — ¿Por qué la pareja sierra un tronco a la salida?

3. Cómo transcurre

No hay moderación ni guion, pero sí un orden que se repite en casi todas partes.

  1. Durante la ceremonia: dos personas montan el caballete y colocan el tronco, normalmente a un lado de la salida para que el pasillo de invitados quede libre.
  2. Después del pasillo: se lleva a la pareja hasta el tronco, se recogen ramo y chaqueta y aparecen unos guantes.
  3. Los primeros tirones: alguien recuerda en voz alta que hay que tirar y no empujar. Ese aviso ahorra varios minutos.
  4. El serrado: los relatos alemanes hablan de entre cinco y quince minutos según la madera. Aplausos, fotos y comentarios desde el público forman parte del asunto.
  5. El final: cae la rodaja, la pareja la levanta, foto, y alguien saca una escoba.

La ropa es el punto donde más se improvisa. Una cola se recoge antes o se protege con una tela, porque el serrín no sale bien del tul, y unos tacones sobre adoquines no ayudan a mantener el compás. Los zapatos planos para ese cuarto de hora son una decisión muy frecuente y desaparecen después.

Un detalle decide la duración más que ningún otro: el primer corte necesita una muesca. Si se apoya la hoja directamente sobre la superficie redonda, resbala. Lo habitual es abrir una hendidura con tirones cortos y lentos y entrar en ritmo solo después.

4. El papel del invitado

Esta es la pregunta que los textos alemanes no se hacen, porque allí no se plantea. Si venís de fuera, sí se plantea, y tiene tres respuestas.

Mirar, animar, fotografiar. Eso es todo lo que se espera. No hay turnos, no se pasa la sierra a los invitados y no existe ninguna versión en la que los demás participen. Los relatos alemanes reservan un lugar destacado al fallo contrario: alguien se acerca a ayudar cuando la cosa se atasca, y con esa mano la imagen se acaba. Si se alarga, la respuesta educada es la paciencia, no el rescate. Las propias guías avisan de que un tronco demasiado grueso puede tener a la pareja media hora serrando delante de cien personas.

Dónde ponerse. Si el tronco está paralelo a la fila de invitados, desde delante solo se ven dos espaldas; cruzado se ven las dos caras. Merece la pena colocarse de lado y no meterse en la línea del fotógrafo, que suele tener un único ángulo bueno. Y una sierra de dos mangos tiene dientes largos: los niños miran desde atrás.

Si os toca organizar. Esto lo montan los testigos, así que si alguien os pide traer un caballete o comprobar el filo de una hoja, ya sabéis de qué va. Lo que decide el resultado está en el material: madera blanda —abeto, chopo, sauce—, seca y sin nudos en el punto de corte, y una sierra afilada de verdad. Las guías alemanas repiten dos cifras: entre veinte y treinta centímetros de diámetro va bien, y a partir de treinta y cinco la costumbre se convierte en una prueba de esfuerzo.

4. El papel del invitado — ¿Por qué la pareja sierra un tronco a la salida?

5. Lo que en España ocupa ese momento

En una boda española ese hueco existe igual, pero está ocupado por otra cosa. La salida es el pasillo de invitados y el arroz o los pétalos, y a continuación se va derecho al cóctel. No hay tarea, no hay herramienta y no hay nada que la pareja tenga que conseguir delante de nadie.

Tampoco existe un equivalente español que se pueda señalar con honestidad. Lo más parecido en su forma —algo que la pareja hace delante de todos y que los invitados miran— llega mucho más tarde, ya en el salón, y va de dinero y no de trabajo conjunto: el corte de la corbata. Se parece en la coreografía y en nada más, así que no vale como traducción de esta costumbre.

Si os planteáis incluirla, hay dos avisos que allí se dan por sabidos. El serrín: delante de un portal, a la mañana siguiente es problema de la parroquia, y esa es la razón por la que algunas iglesias ya no lo autorizan. Si allí no puede ser, funciona igual de bien en el patio del sitio de la celebración. Y el tiempo: una costumbre va en el horario, porque fotógrafo, música y local tienen que contarla. Muchas parejas apuntan estos puntos con su responsable en su web de boda, para que los testigos sepan cuándo montar el caballete.

Y si no os convence, hay versiones más suaves con la misma imagen: serrar un corazón de una tabla fina, plantar un árbol entre los dos, clavar clavos por turnos en un tocón. O nada, que también es una respuesta completa.

El serrado del tronco casi nunca falla por la pareja: falla por la madera, por la hoja o por el montaje. Como invitados solo hay que recordar una cosa, y es no coger el otro mango. Y si sois vosotros quienes os casáis, decidid antes quién se lleva la rodaja esa misma noche: si no, se queda en el sitio de la fiesta con una fiabilidad asombrosa.

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