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La mayoría de las parejas sale entre una y cuatro semanas después de la boda y viaja de siete a catorce noches. Coger un avión a la mañana siguiente suena muy bien y os quita la parte más descansada del viaje. El destino lo decide una sola pregunta: en qué mes os deja la boda, y qué regiones están en temporada entonces.
El viaje de novios es las únicas vacaciones cuya fecha la decide otra cosa. Eso condiciona el destino mucho más de lo que parece cuando uno empieza a mirar fotos: casarse en febrero no deja las mismas opciones que casarse en agosto, y la misma isla cuesta cifras completamente distintas en cada uno de los dos meses. Aquí van el momento de salir, la duración, la antelación con la que hay que reservar y cómo elegir destino a partir del mes que os ha tocado. El presupuesto y la alternativa corta tienen sus propios artículos.
1. Cuándo salir: el día siguiente casi nunca es el mejor día
Hay tres patrones habituales, y cada uno tiene un coste evidente.
- A la mañana siguiente. No hay transición y la inercia del día os lleva. El precio es subir a un avión reventados, con los últimos invitados todavía desayunando y sin que nadie haya recogido la finca. Si queréis esto, alguien tiene que ocuparse de la decoración, de los regalos y de todo lo alquilado, y eso se organiza semanas antes, no esa noche.
- De dos a siete días después. Es el término medio más frecuente y el que protege el viaje. Un día entero de dormir, una comida tranquila con los que vinieron de fuera, y os vais.
- Semanas o meses después. Tiene sentido con una boda de invierno, con el presupuesto justo o cuando el destino que queréis tiene otra temporada. A cambio se rompe la continuidad: después de un mes de vida normal, el viaje ya no se siente como parte de la boda.
Elijáis lo que elijáis, tratad el primer día fuera como un colchón y no como un día de vacaciones. Nada de vuelos con escala corta, recogidas de coche de alquiler ni excursiones ese día. Y sed honestos con la cuenta de los días libres: los de alrededor de la boda —montaje, llegada de la familia, la comida del día siguiente, recoger— se comen tres o cuatro días del mismo saldo. Una luna de miel de dos semanas son en realidad tres semanas fuera del trabajo.
La mejor luna de miel no es la más lejana. Es aquella en la que la primera mañana podéis dormir hasta la hora que os dé la gana.
2. Cuántas noches: siete es el suelo para cualquier vuelo largo
La duración no es cuestión de gusto, es una cuenta con horas de vuelo y husos horarios dentro. Una regla que funciona: aproximadamente un día de adaptación por cada hora de diferencia horaria.
| Tipo de viaje | Mínimo razonable | Por qué |
|---|---|---|
| Europa cercana, menos de 3 horas de vuelo | 4 o 5 noches | casi no hay adaptación |
| Grecia, Turquía, Marruecos, Canarias | 7 noches | el día de ida y el de vuelta se pierden enteros |
| Caribe, África oriental, océano Índico | 10 a 14 noches | de 4 a 8 horas de diferencia y traslados largos |
| Sudeste Asiático, Australia, Nueva Zelanda | 14 a 21 noches | hasta 11 horas de diferencia; los tres primeros días no cuentan |
| Ruta con varias paradas | desde 14 noches | cada cambio de base cuesta medio día |
Si solo podéis coger una semana y aun así queréis ir lejos, aplazadlo en lugar de comprimirlo. Nadie ha descrito nunca como reparador un vuelo de doce horas de vuelta después de cinco noches. La alternativa que sí funciona es partir el viaje: unas noches cerca de casa justo después de la boda y el viaje largo más adelante en el año, cuando podáis cogerlo entero.
Hay otra variable que entra en la misma cuenta: el traslado del final. Los tiempos de vuelo de los catálogos terminan en el aeropuerto, y muchos resorts de isla añaden encima un barco, una avioneta o dos horas de carretera. Sumad esos tramos a la ida y a la vuelta antes de decidir que el viaje es lo bastante largo. Once horas sobre el papel son con frecuencia dieciséis de puerta a puerta, y eso es un día entero en cada extremo y no una tarde.
3. Adónde: manda la temporada, no el catálogo
El error de planificación más común es elegir primero el destino y descubrir después que el mes de vuestra boda cae en su temporada de lluvias. Hacedlo al revés: partid del mes de viaje que os da la boda y mirad qué regiones están en su mejor momento entonces.
- Boda de primavera, viaje de abril a junio: el sur de Italia y Grecia antes del calor, Marruecos, Japón, los parques nacionales del oeste americano, el Caribe al final de su estación seca.
- Boda de verano, viaje de julio a septiembre: Escandinavia, Canadá, Islandia, África oriental durante la migración, Indonesia. El Mediterráneo es posible, pero caro y lleno, y desde España es además el destino que más se parece a quedarse en casa.
- Boda de otoño, viaje de octubre y noviembre: la mejor ventana del año entero para viajes largos. Maldivas y Seychelles al terminar las lluvias, Tailandia desde noviembre, Sudáfrica, Nueva Zelanda en primavera.
- Boda de invierno, viaje de diciembre a marzo: Caribe, el golfo de Tailandia, Argentina y Chile, Australia. En Europa, destinos de invierno y nada de playa.
Dos apuntes prácticos. Las dos semanas de Navidad y Fin de Año son las más caras del año en casi cualquier destino lejano, y muchos hoteles añaden encima una cena de gala obligatoria. Moverse quince días a un lado o a otro cambia el tiempo muy poco y el precio muchísimo. Y preguntaos con honestidad si lo que queréis después de meses de decisiones es descanso o variedad: una ruta de siete hoteles justo después de una boda devuelve a la gente a casa más cansada de lo que se fue.
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4. Con cuánta antelación reservar
El viaje de novios se reserva tarde porque la boda se lleva toda la atención. Estas antelaciones funcionan:
- De 9 a 12 meses antes: destinos lejanos en temporada alta, safaris, rutas con lodges fijos y cualquier alojamiento con pocas habitaciones.
- De 6 a 9 meses antes: los vuelos largos. El precio casi nunca mejora después, y además elegís asiento.
- De 3 a 6 meses antes: Europa, paquetes y coche de alquiler.
- Al menos 3 meses antes: visados, vacunas y autorizaciones electrónicas de viaje. Algunas pautas de vacunación necesitan varias citas repartidas en semanas, y en los centros de vacunación internacional la cita se pide con bastante antelación.
- De 6 a 8 semanas antes: repasad cada reserva contra el documento con el que vais a viajar de verdad.
Ese último punto es el que más se tuerce y el que más caro sale. El nombre del billete tiene que coincidir con el del DNI o el del pasaporte, y en España el problema no es un cambio de apellido, que no existe: son los dos apellidos y la casilla única de apellido que dejan muchos formularios extranjeros. Comprobad cómo quedaron escritos en cada reserva nada más hacerla, porque corregir un nombre después es un cargo de la compañía. Y si uno de los dos tiene pasaporte de un país donde el apellido sí cambia al casarse, ahí hay que sincronizar documento y billete antes de comprar nada.
5. Planificar el viaje en sí
Una luna de miel no es un viaje normal, porque el mes anterior habéis tomado una decisión más o menos cada hora. Por eso justamente un itinerario apretadísimo funciona aquí peor que en cualquier otro viaje. El patrón que aguanta es sencillo: la primera mitad lenta y en un solo sitio, la segunda con actividad si os apetece. Al revés decepciona casi siempre.
Dos detalles pequeños que cambian mucho. El primero, decid al reservar que es un viaje de novios. Muchos alojamientos ponen algo en la habitación o mejoran la categoría si tienen sitio; no es algo con lo que contar, pero preguntar no cuesta nada y la respuesta es que sí bastantes veces. El segundo, llevad una copia del certificado de matrimonio si viajáis con una reserva a nombre de los dos, sobre todo si uno de vosotros es extranjero. Casi nunca lo vais a necesitar, y el día que lo necesitéis será en un mostrador sin conexión.
Y decidid antes de salir qué pasa con las fotos que todo el mundo está esperando. Si dejasteis en pie vuestra web de boda, es el sitio obvio al que mandar a la gente mientras estáis fuera, en lugar de contestar mensajes desde una playa.
Fijad el orden antes de abrir un solo catálogo: primero el mes de viaje que os da la boda, después la región que está en temporada entonces, luego los días que esa región necesita y solo al final el hotel. Las parejas que planifican en ese orden casi nunca acaban en un sitio precioso en el mes equivocado. El siguiente paso sensato es poner el presupuesto, porque va a decidir el destino más que ninguna foto.
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