¿Cómo se escribe un discurso de boda que funcione?

¿Cómo se escribe un discurso de boda que funcione?

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Un discurso que funciona tiene una idea, una historia y una frase final que apunta a la pareja y no a quien habla. Escribid primero la historia, después la frase que demuestra y al final la apertura. Ensayadlo tres veces en voz alta, de pie, antes de volver a tocar una sola palabra.

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Casi todos los discursos de boda fallan por exceso de material, no por falta. Alguien que conoce al novio desde hace veinte años llega con cuarenta anécdotas y consigue meter doce. Lo que oye la sala es una lista, y la lista no le dice nada, porque no conoce a once de las personas que aparecen en ella.

Un discurso que funciona va en dirección contraria. Busca una escena que revele algo verdadero de alguien y la cuenta con la precisión suficiente para que un invitado de la última mesa se la pueda imaginar. Todo lo demás se elimina. Ese es el trabajo real de escribir un discurso, y tiene más que ver con borrar que con escribir.

1. Reunid material antes de decidir la forma

No empecéis por la primera frase. La primera frase es lo último que se escribe, y querer escribirla la primera es la razón de que tantos discursos no pasen del primer párrafo. Dedicad dos semanas a recoger: una lista abierta con todo lo que se os vaya ocurriendo sobre los dos, en forma de notas, sin juzgar nada. Entre veinte y treinta entradas es una reserva sana.

Después, id a preguntar. Una llamada a un hermano, un mensaje a un amigo común, media hora con fotos antiguas. Hay tres preguntas que suelen dar el material más aprovechable. ¿Cuándo pensaste por primera vez que estos dos iban juntos? ¿Qué hacen el uno por el otro sin haberlo hablado nunca? ¿Y qué es lo que tú no aguantarías en su lugar?

De ese montón, elegid exactamente una escena. La elección se vuelve mucho más fácil con una sola prueba: la escena tiene que entenderse sin ningún antecedente y tiene que caber en noventa segundos. Todo lo que exija explicar quién es alguien queda fuera. Todo lo que solo funcione dentro de una cuadrilla concreta queda fuera también, por muy bueno que sea en el bar.

Una historia que la sala puede imaginarse gana a cinco que solo le cuentan.

2. La estructura que casi siempre aguanta

Los discursos tienen una forma simple que apenas ha cambiado en siglos, porque funciona: apertura, escena, sentido, deseo. Cuatro partes con un trabajo cada una. Seguid ese orden y aterrizaréis casi solos entre los tres y los cinco minutos, que es lo que una sala absorbe con comodidad.

ParteProporción del tiempoQué tiene que hacer
Aperturaunos 20 segundosQuién eres y de qué los conoces, en una frase
Escenade 60 a 90 segundosLa única historia, contada concreta, con lugar y momento
Sentidode 40 a 60 segundosLo que la historia demuestra, sin explicar la historia
Deseode 20 a 30 segundosUna frase para ellos, no un consejo sobre el matrimonio
Brindisunos 10 segundosLevantar la copa, decir los nombres, parar

La tercera parte es donde se tuercen casi todos. Quien habla explica su propia anécdota en lugar de dejarla actuar. Si la escena está bien contada, la sala ya sabe lo que significa. Una frase de interpretación sobra. Tres son dos de más, y suele ser la tercera la que convierte una historia en una charla.

2. La estructura que casi siempre aguanta — ¿Cómo se escribe un discurso de boda que funcione?

3. Qué es mejor dejar fuera

Hay una lista corta de temas que hunden un discurso con toda fiabilidad. Las relaciones anteriores están en ella, también en forma de insinuación. Las historias de la despedida de soltero están en ella, porque casi siempre acaban sonando en una sala en la que también hay abuelos y compañeros de trabajo. Las referencias al dinero, a hijos que ellos no han anunciado o al peso de cualquiera están en ella igual.

El filtro más útil no es vuestro propio gusto, sino una pregunta simple: ¿diríais esta frase si la única persona escuchando fuera la madre de la novia? Si no, fuera. La sala es un público mixto al que le falta la mitad del contexto, y los chistes solo funcionan con contexto.

Fuera también los chistes internos, los juegos de palabras con los apellidos y todo lo que ponga en evidencia a la pareja para arrancar una risa. El camino fiable hacia el cariño no es el remate, es la observación precisa. Un detalle como que uno de los dos nunca ha contado el cambio que le devuelven en la tienda de abajo dice más que tres chistes. Si un pasaje os inquieta, leédselo a una tercera persona que los conozca a los dos y mirad su cara en lugar de esperar su veredicto.

Hay una categoría más que conviene nombrar, porque también pilla a quien escribe con cuidado: la broma que solo funciona si la sala ha oído el discurso anterior. Si sois los terceros y vuestra mejor frase depende de que el segundo la haya montado, estáis apostando por el guion de otro. Escribid una versión que se sostenga sola y tratad el guiño como un extra que solo usáis si el montaje ocurrió de verdad.

4. Escribirlo, recortarlo y decirlo en voz alta

Escribid el primer borrador de una sentada sin corregir nada. Saldrá demasiado largo, que es exactamente lo que tiene que pasar. La segunda pasada es la de recortar: fuera cada explicación, cada personaje secundario y cada frase que empieza resumiendo la anterior. Como cifra de trabajo, unas 130 palabras habladas son aproximadamente un minuto, así que un discurso de cinco minutos ronda las 650 palabras sobre el papel.

Después viene la parte que casi todo el mundo se salta y que más diferencia marca: decirlo en voz alta tres veces, de pie y mirando al frente. La primera vez os dice qué frases no se pueden pronunciar. La segunda, dónde os quedáis sin aire. La tercera, qué pasaje ya os sabéis de memoria, que suele ser el mejor.

El día de la boda, las fichas ganan al folio: palabras clave en letra grande, una ficha por parte, numeradas en la esquina. Una página escrita entera invita a leer, y los discursos leídos pierden justo el calor por el que se escribieron. Si queréis una red de seguridad, escribid enteras solo la primera frase y la última, que son los dos momentos en los que los nervios hacen más ruido.

Cronometrad bien el tercer ensayo, con un reloj y no a ojo. Casi todo el mundo habla más rápido el día de la boda que en la cocina de su casa, entre un diez y un quince por ciento, porque la adrenalina acorta las pausas. Un discurso que en casa dura cinco minutos tiende por tanto a quedarse en cuatro y medio, lo cual está bien. Uno que en casa dura siete se quedará en seis, lo cual no.

4. Escribirlo, recortarlo y decirlo en voz alta — ¿Cómo se escribe un discurso de boda que funcione?

5. La última semana antes de hablar

Resolved tres cosas prácticas una semana antes. No tienen nada que ver con el texto y lo tienen todo que ver con cómo cae. Primera: ¿hay micrófono y lo ha probado alguien? Segunda: ¿desde dónde vais a hablar y se ve a los novios desde ahí? Tercera: ¿en qué momento exacto os toca dentro del orden habitual de los discursos al final del banquete y quién os presenta?

Llevad las fichas en un bolsillo interior y no en la mano, y dejad una segunda copia en otro sitio. Una foto en el móvil es una copia de seguridad perfectamente válida. Si vais a nombrar a invitados que han venido de lejos, comprobad poco antes que están todos, porque dar las gracias a alguien que canceló es el único error que nota la sala entera. La lista de confirmaciones al día suele estar donde los invitados respondieron, por ejemplo en la web de boda donde se recogieron sus confirmaciones.

El día mismo ayuda una secuencia sencilla: levantarse, esperar tres segundos a que la sala se calle, dejar la copa en la mesa y empezar. Esos tres segundos os parecerán medio minuto y a los demás no les parecerán nada, y son la razón de que quien habla tranquilo lo parezca.

Un discurso de boda no necesita un talento especial para ser bueno. Necesita una decisión: una escena en vez de cinco, una idea en vez de tres, un deseo en vez de una filosofía del matrimonio. El resto es recortar y decirlo en voz alta. El siguiente paso sensato es lo de reunir material: abrid hoy una nota y añadid cosas durante dos semanas, sin juzgar nada de lo que apuntéis.

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