Web de boda

Web de boda, RSVP, lista de invitados, galería de fotos e invitaciones digitales.

Para empezar

Una web de boda se justifica por una razón: responde una sola vez, y para todos, a las preguntas que de otro modo se contestan cuarenta veces por mensaje — dónde, cuándo, a qué hora la ceremonia, a qué hora el banquete, dónde se aparca, si hay autobús de vuelta. La primera decisión no es, por tanto, de diseño. Consiste en saber qué tiene que hacer la web: recoger confirmaciones, sostener la lista de invitados, llevar las direcciones.

Se empieza por las confirmaciones. El RSVP es la única función con fecha límite: el catering y el lugar piden un número cerrado semanas antes, y cada invitado que no ha contestado acaba convertido en una llamada de teléfono para alguien. Conviene pedir solo lo que se va a usar — nombre, elección de menú, alergias, si viene algún niño — y parar ahí. Cada campo de más resta respuestas y deja datos que desde ese momento hay que custodiar.

La dirección de la web llega antes de lo que parece, porque se imprime. Una vez enviadas las invitaciones la URL ya no cambia, así que se decide antes de encargar la papelería: subdominio o dominio propio. La prueba real es poder dictarla en una sobremesa sin deletrearla dos veces.

Queda la mitad privada. La dirección de la finca, los teléfonos, las fotos de la familia: nada de eso tiene por qué ser localizable en un buscador. Un código de invitación o una contraseña deja las páginas prácticas tras una puerta mientras la portada sigue pública, y bajo el RGPD y la LOPDGDD es también la forma más sencilla de que los datos de los invitados no circulen más allá de donde deben. Las fotos, al final: se acuerda quién puede subir, quién puede descargar y qué pasa con la galería cuando termina el viaje de novios.

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