Cómo escribir vuestros propios votos: estructura, duración y cuándo empezar

Cómo escribir vuestros propios votos: estructura, duración y cuándo empezar

8 min de lectura

Los votos personales van además de la parte legal, no en su lugar: en una boda civil española lo fijo es el consentimiento y la lectura de los artículos del Código Civil. Alrededor de eso funciona un voto de cinco partes: la ocasión, un recuerdo, qué veis en el otro, de tres a cinco promesas y una frase final. Apuntad a noventa segundos.

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A casi todo el mundo le da respeto escribir sus propios votos, y normalmente por lo mismo. Os piden decir en dos minutos algo que no habéis dicho en años, en un formato que ochenta personas puedan seguir. Para quien no escribe habitualmente, ese encargo es rarísimo.

La buena noticia es que existe una forma para hacerlo. No una plantilla que rellenar, sino un marco que aguanta mientras metéis dentro vuestras propias frases. Conocer el marco es la diferencia entre tres sesiones buenas y doce mediocres.

Qué permite vuestra ceremonia

Antes de escribir nada, averiguad qué permite vuestra ceremonia, porque varía mucho más de lo que las parejas esperan. En una boda civil española la parte legal es corta y fija: quien oficia lee los artículos 66, 67 y 68 del Código Civil, os pregunta si consentís en contraer matrimonio y os declara casados. Todo lo demás —lecturas, música, palabras vuestras— es añadido, y cuánto sitio hay para ese añadido depende por completo de quién oficie.

Ahí está la parte que casi nadie comprueba a tiempo. En España puede casaros un juez, el letrado de la Administración de Justicia, un notario, o el alcalde o el concejal en quien delegue. Un ayuntamiento pequeño con una sola boda esa mañana suele daros todo el tiempo del mundo; un juzgado con bodas cada quince minutos, no. Preguntad por los minutos antes que por el texto: si tenéis diez, dos votos de noventa segundos caben de sobra; si tenéis cuatro, no caben.

Por la Iglesia católica el consentimiento tiene fórmula propia y hay poco margen para sustituirla, aunque las lecturas y las peticiones sí se eligen, y ahí cabe mucho de lo vuestro. Una ceremonia simbólica con maestro de ceremonias os da libertad total, con una condición que conviene tener clarísima: no casa a nadie. La parte legal se hace antes o después, y quien la hace es el Registro Civil, el juzgado, el ayuntamiento o un notario.

Un correo o una llamada a quien vaya a oficiar resuelve todo esto en un día, y tiene que ir antes del primer borrador y no después del tercero.

Una promesa que podría hacer cualquiera no es una promesa. Una que solo entendéis vosotros dos, tampoco.

Las cinco partes

Este orden sostiene casi cualquier voto, sea cual sea su tono.

  1. La ocasión. Una o dos frases sobre por qué estáis ahí de pie. No un resumen de la relación: solo la entrada.
  2. Un recuerdo. Exactamente uno, concreto, con un sitio y un momento. Es el centro de todo y la razón por la que la gente se inclina hacia delante.
  3. Qué veis en el otro. Dos o tres cualidades, cada una demostrada con una situación en lugar de afirmada.
  4. Las promesas. De tres a cinco, y al menos una pequeña y doméstica.
  5. El cierre. Una frase. No dos.

La tercera parte es donde casi todos los borradores se vuelven vagos. Eres la persona más buena que conozco es una afirmación. Esperaste dos horas bajo la lluvia en enero porque yo te había dado mal la estación es una prueba, y dice lo mismo, mejor.

La cuarta merece un aviso propio. Una promesa es algo que podríais romper mañana; si no, no es una promesa. Te querré siempre no se puede cumplir ni romper: es un deseo. Te diré lo que me molesta antes de que lleve tres semanas dentro sí es una promesa: comprobable, incómoda y por eso digna de hacerse. Al menos una de las vuestras tendría que ser lo bastante pequeña y doméstica como para que la sala sonría mientras vosotros dos sabéis que iba en serio.

Las cinco partes — Cómo escribir vuestros propios votos: estructura, duración y cuándo empezar

La duración, contada con honestidad

Casi todos los primeros borradores son largos. En voz alta, la mayoría de la gente cubre entre 130 y 150 palabras por minuto, y bastantes menos cuando el material es emocional y las pausas llegan solas. Eso os da una cuenta que conviene hacer antes y no delante del oficiante.

Duración habladaPalabrasCómo cae
menos de 45 segundoshasta 110Suena a fórmula, aunque es la opción correcta para quien va muy nervioso.
60–90 segundos150–220Donde se sitúan de verdad los votos que funcionan.
90–120 segundos220–300Bien cuando lo sostiene un recuerdo fuerte.
más de dos minutos300 o másLa atención se va, y entonces el texto necesita una estructura que rara vez tiene.

La prueba es poco glamurosa: leedlo en voz alta, de pie y con un cronómetro. El día de la boda durará entre un diez y un veinte por ciento más que eso.

Hay una idea que facilita muchísimo recortar: este texto se va a oír, no a leer. Quien lee puede volver atrás sobre una frase complicada; quien escucha, no. Las subordinadas largas que quedan elegantes en el papel pierden pie por un micrófono, y lo pierden del todo con un equipo al aire libre. Así que partid en dos cualquier frase que necesite más de una coma. El resultado parece más simple de lo que es, y de eso se trata exactamente.

Lo mismo vale para las frases prestadas. Una cita es el único sitio donde una sala puede saber con certeza que a alguien se le acabaron las palabras propias, y es lo primero que se cae cuando el borrador se pasa de largo.

Las cuatro cosas que hay que quitar

Cuatro cosas aparecen en casi todos los primeros borradores y en casi ningún buen borrador final.

Los chistes privados. Un mote que solo entendéis vosotros dos le cuesta a la sala dos segundos de desconcierto. Dos motes os cuestan la sala entera. Uno sobrevive si la frase lo explica de pasada.

La cronología. Nos conocimos en 2019, nos fuimos a vivir juntos en 2021 es un currículum. Una sola escena de aquellos años dice más que todas las fechas juntas.

Las disculpas. No se me da bien esto, o ya sabes que se me olvida todo. Vuestra boda es el único día en el que ninguna de las dos pinta nada.

Las comparaciones con alguien anterior. Incluso las halagadoras. No hay forma de decirlo que lo salve.

Un quinto punto va sobre el papel y no sobre la prosa: maquetad la versión final para poder leerla bajo presión. Letra grande, líneas cortas, una frase por línea y una marca donde vayáis a tener que parar un momento. Quien ve su propio texto en ese formato por primera vez el mismo día se pierde, y se pierde justo en el punto en el que la voz ya ha empezado a irse.

Y haced una segunda copia. No contra vuestros despistes, sino contra vuestra ropa. Los trajes sin bolsillo interior y los vestidos sin bolsillo ninguno son el motivo más frecuente de que unos votos pasen la ceremonia en la habitación del hotel. Dadle una copia a quien oficie y otra a un testigo, y el problema queda resuelto antes de existir.

Las cuatro cosas que hay que quitar — Cómo escribir vuestros propios votos: estructura, duración y cuándo empezar

Poner las reglas en común

Merece la pena acordar tres cosas pronto. Una duración parecida, porque noventa segundos contra cuatro minutos lo oye toda la sala. Si intercambiáis los borradores antes o los guardáis en secreto: las dos opciones funcionan, pero decididlo bastante antes de la semana de la boda. Y si leéis de una tarjeta o habláis de memoria, que es justo donde os podéis diferenciar. Nadie en esa sala ha pensado jamás peor de alguien por sujetar una tarjeta, y a una cantidad sorprendente de gente se le han ido de la cabeza unos votos memorizados.

El tono es lo único que no hace falta igualar: un voto serio y uno divertido conviven perfectamente mientras los dos vayan en serio. Escribid la versión final en una cartulina y no en el móvil: el papel tiembla menos a la vista, no se bloquea y luego va a la caja con las fotos y con los mensajes que los invitados dejaron en una web de boda propia.

Cinco partes, un recuerdo concreto, de tres a cinco promesas de verdad y menos de dos minutos. El paso siguiente es el incómodo: leerlo en voz alta, de pie y con el cronómetro corriendo.

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