¿Qué lecturas encajan en vuestra ceremonia?

¿Qué lecturas encajan en vuestra ceremonia?

9 min de lectura

Una o dos lecturas encajan en casi cualquier ceremonia, de 60 a 120 segundos cada una. Leyendo en voz alta a ritmo tranquilo se cubren unas 130 palabras por minuto, así que un texto de 130 a 260 palabras es el tamaño correcto. Leer en voz alta un texto protegido no da problemas; imprimirlo en el programa de mano es otra cosa.

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Las lecturas son los únicos minutos de una ceremonia en los que alguien que no sois vosotros ni quien oficia sostiene la sala. Le dan aire al orden del día, meten en el acto a gente que si no solo miraría, y muchas veces se recuerdan más tiempo que el discurso principal.

Aquí van los tipos de texto que hay, una regla para la longitud, quién debería leer, una forma de hacer criba por efecto y la parte poco lucida de los derechos de autor. Dónde encajan las lecturas en el orden del día se ve en la estructura de la ceremonia.

1. Los cinco tipos de lectura

Prácticamente todo lo que se lee en las bodas cae en uno de estos grupos, y cada uno le hace algo distinto a la sala.

  • Textos bíblicos. La vía tradicional, y no solo en la iglesia. El himno al amor de la primera carta a los Corintios, la oración de Tobías y Sara, los versos de fidelidad del libro de Rut y algún pasaje del Cantar de los Cantares son los más elegidos. Aportan formalidad y muchos invitados los reconocen.
  • Poesía. Compacta, memorable y muy poco indulgente al leerla: un poema no sobrevive a un tropiezo. Bécquer, Rosalía de Castro, Sor Juana o Garcilaso están fuera de derechos desde hace mucho; comprobad que la lengua siga sonando viva y no a pieza de museo.
  • Prosa. Un fragmento de novela o de ensayo. Suena contemporáneo y conversacional, pero necesita una frase de contexto delante o media sala se pasa la lectura preguntándose quiénes son esos personajes.
  • Letras de canciones, dichas. Tentador cuando una canción significa algo para vosotros. Sin la melodía, las letras suenan más flojas de lo que se espera: leed la vuestra en voz alta una vez antes de decidir.
  • Algo escrito para ese día. Una carta de un padre o una madre, unas frases de un amigo, un par de líneas de los niños. La opción más personal y la única que no tiene ninguna pregunta de derechos detrás.

Vuestros votos no son una lectura. Salen de una conversación entre los dos y no de una lista de opciones; cómo se conservan después está en el libro de votos como recuerdo.

Dos lecturas cortas aterrizan casi siempre mejor que cuatro largas, y un texto que le gusta a quien lo lee aterriza mejor que uno que sale en todas las listas.

2. Cuántas, cuánto duran y cuánto ocupan de verdad

La cantidad es donde se tuercen casi todas las ceremonias. Cuatro lecturas parecen generosas sobre el papel y pesan en la sala, porque cada una arrastra un cambio de persona, un paseo y una pausa a cada lado. Una o dos es el número que funciona; tres es el techo, y solo en ceremonias largas y con música entre medias.

Para la longitud, contad unas 130 palabras por minuto. Es más lento que el habla normal, y es el ritmo correcto para una sala con eco, para alguien nervioso y para invitados que oyen ese texto por primera vez.

Longitud del textoTiempo leído con calmaVeredicto
80 palabrasunos 35 segundosmuy corto, funciona como segunda lectura
130 palabrasalrededor de 1 minutoun mínimo razonable
200 palabrasalrededor de 1,5 minutosel caso estándar
260 palabrasalrededor de 2 minutoslímite alto para una sola lectura
400 palabrasalrededor de 3 minutosdemasiado; recortadlo o partidlo

Contad las palabras del texto elegido antes de decidir: cualquier procesador de textos da la cifra. Un fragmento de prosa demasiado largo casi siempre se puede recortar a su parte más fuerte sin perder nada; cortad primero las frases que repiten una idea ya dicha.

Sumad también el marco. Anunciar a quien lee, que se levante, que camine hasta delante y que vuelva a sentarse cuesta otros 30 a 60 segundos por lectura. Dos lecturas de dos minutos ocupan por tanto más cerca de seis minutos del orden del día que de cuatro, y ahí es exactamente donde una ceremonia empieza a ir por detrás del horario sin que nadie lo note.

2. Cuántas, cuánto duran y cuánto ocupan de verdad — ¿Qué lecturas encajan en vuestra ceremonia?

3. Quién lee, y cómo pedírselo

Una lectura es un honor y también un encargo. Pedídselo a gente que sepa hablar delante de una sala, o que al menos no lo pase mal, y no a alguien que no tiene ningún otro papel y por eso necesita uno. Poned fácil decir que no: decid al pedirlo que no es una respuesta completa y suficiente.

Cinco minutos de preparación por vuestra parte cambian enormemente la de esa persona:

  • mandad el texto al menos cuatro semanas antes, con la duración y el punto del orden del día en el que va
  • dadle una copia impresa en cuerpo grande, de 14 puntos o más, sin cortes de página en mitad de una frase
  • decidle exactamente dónde se coloca, si hay micrófono y quién se lo pasa
  • pedidle que lo ensaye en voz alta dos veces, no en silencio
  • tened prevista una persona de repuesto por si ese día se queda sin voz

Si lee un niño, recortad el texto a unas pocas líneas y poned a un adulto a su lado. Con dos lecturas, el contraste ayuda: una persona de cada familia, un texto serio y otro más ligero. Un buen oficiante engarza las lecturas dentro de la ceremonia para que no queden como bloques sueltos, y eso forma parte del guion, como se ve en la forma del guion del oficiante. Y tener el orden del día y las horas en un solo sitio, por ejemplo en una web de boda, evita que quienes leen tengan que perseguir detalles por mensaje.

4. Hacer criba por efecto

Ir bajando por listas de lecturas famosas es lento. Decidir primero qué efecto queréis y buscar textos después va mucho más rápido.

Efecto que buscáisDónde mirarQué vigilar
formal, con nota religiosatextos bíblicosen una boda por la iglesia salen del leccionario del ritual del matrimonio
cálido y clásicopoetas ya sin derechos, como Bécquer, Rosalía de Castro o Garcilasoprobad la lengua en voz alta; alguna suena rígida hoy
moderno y conversacionalun fragmento de novelarecortad a 130 o 260 palabras y añadid una línea de contexto
divertidoverso ligero, greguerías o un cuento infantilel chiste tiene que funcionar oído, no solo leído
muy personaluna carta escrita para ese díadádsela a alguien que no se vaya a romper a la mitad
ligado a una canciónla letra, dichaprobadla sin melodía, o poned la canción en su lugar

Las bodas por la iglesia estrechan la elección a propósito: las lecturas salen del leccionario propio del rito y cualquier añadido se acuerda antes con el sacerdote. El desarrollo completo está en el orden de la boda por la iglesia. Una ceremonia con oficiante os deja libres, aunque no ilimitados: dos textos que dicen lo mismo se anulan entre ellos.

4. Hacer criba por efecto — ¿Qué lecturas encajan en vuestra ceremonia?

5. Derechos de autor y ensayo

En España la regla general es que los derechos duran setenta años desde la muerte del autor, pero hay una excepción que aquí viene muy bien conocer: a los autores fallecidos antes del 7 de diciembre de 1987 se les aplica el plazo anterior, de ochenta años. Por eso Bécquer, Rosalía de Castro o Sor Juana llevan siglo y medio libres, y por eso García Lorca, Antonio Machado y Miguel Hernández han entrado en dominio público en los últimos años. Neruda, Benedetti, Gloria Fuertes o Ángel González, en cambio, siguen protegidos. Para vuestra ceremonia esto se parte en dos situaciones muy distintas.

Leer en voz alta delante de invitados no es un problema. Una boda entre familia y amigos es una reunión privada y no una comunicación pública, así que se puede leer una novela contemporánea, un poema moderno o la letra de una canción sin pedirle permiso a nadie.

Imprimir el texto en el programa de mano es otro acto: eso es reproducción, y cuantos más ejemplares imprimís y repartís, menos se sostiene el argumento del uso privado. Si queréis ir sobre seguro, imprimid solo el título y el autor y dejad que el texto se oiga en vez de leerse. Con autores en dominio público la pregunta ni siquiera aparece. Las editoriales licencian reproducciones cortas, pero para una boda rara vez compensa la gestión.

Queda el ensayo. Leed cada texto en voz alta una vez, de pie y con un cronómetro. Eso destapa tres cosas a la vez: la duración real, los sitios donde se traba la lengua y si la última frase aterriza. Ensayad en la propia sala si podéis, porque la distancia y la acústica lo cambian todo. Y después decidid qué hace la música entre las lecturas, que está en la música de la ceremonia.

Dos textos, cada uno por debajo de 260 palabras, leídos por gente a la que le gustan, ensayados en voz alta y presentados con una sola línea de contexto: esa es toda la receta. Elegir va más rápido si empezáis por el efecto que buscáis en vez de por una lista de lecturas célebres, y si cronometráis el texto de verdad en lugar de calcularlo a ojo.

El siguiente paso es leer vuestra lista corta en voz alta y quedaros con los dos que sostienen la sala.

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