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Casi todas las listas de funciones de una web de boda están escritas al revés: empiezan por lo que luce en una captura de pantalla y terminan por lo que de verdad decide si la página sirve. Aquí se va en el otro sentido. Primero qué hace cada función por vosotros, después en qué orden conviene montarlas, y al final cuáles conviene dejar fuera aunque vengan incluidas.
La prueba de si una función hace falta no tiene nada que ver con el diseño: ¿ahorra una pregunta o la provoca? Un programa con horas ahorra veinte mensajes. Un mapa mal puesto los genera. Una lista de regalos publicada sin una frase que la explique genera todavía más, porque nadie sabe si es una sugerencia o una expectativa.
Por eso aquí no se comparan proveedores ni tarifas. Qué entra en cada modelo y cuándo llega el primer cobro se trabaja en qué es gratis de verdad durante una prueba. Lo que se decide en este artículo es el contenido: qué páginas necesitáis, cómo se enlazan entre sí y por dónde pasa la frontera entre lo que puede leer cualquiera y lo que solo leen los invitados.
1. Las seis páginas que casi ninguna boda se salta
Casi todas las bodas necesitan las mismas seis cosas, y ninguna de ellas es un efecto visual. Lo que cambia de una boda a otra es el detalle, no la lista.
- Portada. Vuestros nombres, la fecha, la localidad y una sola acción visible. Si el invitado tiene que buscar dónde responder, la portada ha fallado.
- Programa con horas. No «por la tarde», sino la hora de la ceremonia, la del aperitivo y la del banquete. En una boda de tarde española esa diferencia decide si alguien come antes de salir de casa.
- Cómo llegar y dónde dormir. Dirección exacta, aparcamiento, transporte previsto y dos o tres alojamientos con distancia real al lugar. Aquí es donde más preguntas se ahorran.
- Formulario de respuesta. Con vuestras propias preguntas, no solo un sí y un no.
- Preguntas frecuentes. Código de vestimenta, niños, si se puede llevar acompañante, si habrá barra libre y hasta qué hora dura.
- Un contacto que no seáis vosotros. Una persona de confianza y su teléfono, para la semana en la que ya no queréis responder mensajes.
La galería no está en esa lista a propósito. Antes de la boda no tiene nada dentro, y después es un asunto propio con reglas propias, que se tratan en la galería con subida de invitados.
Una función hace falta cuando evita una pregunta. Las demás son decoración que además hay que mantener.
2. El orden en que conviene montarlas
El orden importa porque cada página tiene un momento en el que se necesita, y montarlas todas a la vez es la forma más rápida de publicar una web a medias.
- La dirección, antes que el contenido. Es lo primero que se imprime y lo único que después no se puede cambiar sin avisar a todo el mundo. Qué dirección elegir se decide en subdominio o dominio propio.
- Fecha, localidad y una frase. Con eso ya se puede anunciar el día, mucho antes de que existan el programa o el menú.
- Las preguntas del formulario. Se cierran antes de que salga la primera invitación, y la razón está en cómo se recogen las respuestas.
- Programa, llegada y alojamiento. El bloque que de verdad reduce el trabajo, y el que más veces se actualiza.
- Las preguntas frecuentes, al final. No las inventéis: escribid las que os hayan llegado de verdad en las primeras dos semanas.
Publicad en cuanto los tres primeros puntos estén listos. Una página con lo esencial y una nota de «el programa llega en primavera» funciona; una página perfecta que sale tres meses tarde ya no llega a la invitación impresa.
3. Las funciones que suenan bien y salen caras en trabajo
Hay un grupo de funciones que casi todos los proveedores ofrecen y que casi ninguna pareja llega a usar. No son malas: cuestan tiempo, y ese tiempo sale de la misma semana que todo lo demás.
- Libro de visitas. Se llena de mensajes de spam o se queda vacío. Si lo queréis, ponedlo detrás del código de invitación.
- Cuenta atrás. No responde ninguna pregunta y os obliga a mirar el número cada vez que entráis.
- Votación de canciones. Produce una lista que después hay que negociar con el DJ. Preguntad una canción por invitado dentro del propio formulario y ahorraos la página.
- Chat de invitados. Se convierte en un canal más que tenéis que leer, justo lo contrario de lo que buscabais.
El regalo merece un párrafo aparte, porque aquí las plantillas traducidas del inglés fallan. La lista de tienda es el estándar en el mundo anglosajón; en España, en México o en Argentina lo habitual es que el regalo sea dinero, y eso no se resuelve con una lista sino con un sitio discreto donde figuren el número de cuenta, la CLABE o el alias, según el país, y una frase que deje claro que vuestros invitados no tienen ninguna obligación. Ese dato es privado por definición: va detrás del acceso de invitados y nunca en la parte que puede leer cualquiera.
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4. Por dónde pasa la frontera entre lo público y lo privado
Una web de boda tiene dos mitades, y confundirlas es el error más caro de esta lista. Todo lo que identifica a personas o dice dónde estaréis a una hora concreta pertenece a la mitad privada: nombres de invitados, direcciones, horarios exactos, respuestas, alergias y fotos. La mitad pública, si es que la queréis, no necesita más que vuestros nombres de pila y la fecha.
Una dirección larga y difícil de adivinar no es una protección. Basta con que un invitado reenvíe el enlace a un grupo equivocado para que deje de ser vuestra. La diferencia entre una contraseña compartida y un código que viaja con cada invitación se explica en el artículo sobre contraseña y código de invitación.
Comprobad además tres cosas antes de publicar: que la parte de invitados no aparezca en los buscadores, que las imágenes de vista previa que se generan al compartir el enlace no muestren la dirección del lugar, y que un invitado con el código no pueda ver las respuestas de los demás. Las obligaciones legales que hay detrás de todo esto cambian mucho según el país y se tratan aparte, en protección de datos en una web de boda.
5. La lista con la que decidir antes de empezar
Antes de elegir herramienta, haced estas siete preguntas. Todas se responden en diez minutos, y cada una de ellas ha arruinado el mes anterior a una boda.
- ¿Se puede editar después de publicar? El programa cambia. Si cada cambio implica volver a enviar algo, la página está mal planteada.
- ¿Se lee en un móvil viejo y con mala cobertura? Vuestros invitados abrirán la página en el coche, de camino, y no todos llevan el último modelo.
- ¿Hay una versión imprimible del programa? Alguien la va a pedir, casi siempre alguien de la generación de vuestros abuelos.
- ¿Podéis poner vuestras propias preguntas en el formulario? Un sí o un no no da de comer a nadie.
- ¿Se pueden sacar las respuestas en una tabla? Es la tabla que el catering os va a pedir.
- ¿La parte de invitados queda fuera de los buscadores? Debería estarlo de fábrica, no como opción escondida.
- ¿Qué pasa con la página después de la boda? La respuesta depende del modelo de pago y se trabaja en pago único frente a suscripción.
Si una herramienta falla en las cinco primeras, el diseño da igual. Si las cumple, el diseño es lo único que queda por decidir, y ahí ya podéis elegir con el gusto en lugar de con la lista.
Una web de boda está bien montada cuando los invitados dejan de preguntar y vosotros dejáis de contestar. Eso no se consigue añadiendo funciones, sino eligiendo seis páginas, montándolas en orden y dejando la mitad sensible detrás del acceso de invitados.
Qué funciones trae la nuestra, y cuáles hemos dejado fuera a propósito, se ve en la página de funciones de la web de boda. Si aún estáis decidiendo si necesitáis una página completa o basta con algo más sencillo, el siguiente paso es sitio web de boda o página de boda.
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