Web de boda con dominio propio: subdominio o dominio personalizado

Web de boda con dominio propio: subdominio o dominio personalizado

7 min de lectura

La dirección de vuestra web es lo primero que se imprime y lo único que después ya no se puede cambiar sin avisar a todo el mundo. Por eso se decide antes que el diseño, antes que el programa y antes de encargar nada a la imprenta. Y la pregunta no es cuál queda mejor, sino quién la controla y qué pasa con ella cuando la boda ya ha terminado.

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Hay tres formas de tener una dirección, y la diferencia entre ellas no está en el precio. Está en el nombre que figura en el registro, en si podéis llevárosla a otra herramienta y en quién se acuerda de renovarla dentro de dos años.

Para la mayoría de las parejas la respuesta correcta es la más aburrida: el subdominio que viene incluido. Merece la pena leer por qué antes de comprar nada, sobre todo si la dirección va a acabar impresa junto a un código QR. Cómo se imprime bien ese código se explica en la invitación digital con QR.

1. Tres direcciones posibles, y quién manda en cada una

Las tres funcionan. Lo que cambia es de quién es la dirección y qué ocurre el día en que algo falla.

OpciónQuién figura como titularSi cambiáis de herramientaQué tenéis que vigilar
Subdominio incluido en el paqueteEl proveedor; vosotros usáis un nombre dentro del suyoLa dirección se queda donde estáNada; se renueva con el paquete
Dominio comprado por vosotros y apuntado a la herramientaVosotrosOs la lleváis entera, solo cambia a dónde apuntaLa renovación anual y el correo del registrador
Dominio comprado por el proveedor en vuestro nombreDepende del contrato, y a menudo no sois vosotrosPuede quedarse con él si no está pactado lo contrarioQue conste por escrito quién es el titular

La tercera fila es la que conviene mirar dos veces. Que os incluyan el dominio suena a comodidad, y lo es, pero preguntad una sola cosa antes de aceptar: si mañana quisierais llevaros esa dirección a otro sitio, ¿podríais? Si la respuesta tarda en llegar o llega con matices, tratadla como un alquiler y no como una compra.

Una dirección tiene que poder dictarse por teléfono a alguien que no la está viendo. Ese es todo el criterio.

2. Qué nombre y qué extensión aguantan un año entero

El nombre va a vivir en tres sitios: en una cartulina impresa, dictado por teléfono y escrito a mano por alguien que lo oyó en una comida. Los tres sitios castigan lo mismo.

  • Corto gana siempre. Dos nombres y punto. Si hace falta explicar dónde va el guion, ya es demasiado largo.
  • Sin tildes ni eñe. Técnicamente se pueden registrar, pero después hay que explicar por teléfono cómo se escribe la eñe en una dirección, y algunos programas de correo las tratan mal al convertirlas.
  • Cuidado con el año. Una dirección con el año dentro envejece bien si la boda se celebra ese año y mal si se aplaza.
  • Comprobad cómo suena en voz alta. Leedlo por teléfono a alguien que no lo haya visto y pedidle que lo escriba. Si acierta a la primera, vale.

Sobre la extensión: no deis por hecho que la de vuestro país está disponible en las mismas condiciones que la genérica. Algunos registros nacionales piden que el titular tenga domicilio o una identificación fiscal en el país, y otros no piden nada; unos permiten servicios de privacidad y otros no. Como el lectorado de esta guía va de España a México, Colombia, Argentina o Chile, no hay una regla común: consultad el registro nacional que os corresponde antes de contar con esa extensión, y tened preparada una genérica como alternativa.

3. Cuándo hay que tenerlo listo

El error habitual no es elegir mal, es elegir tarde. Entre comprar una dirección y verla funcionar en el móvil de cualquiera pasan varias cosas, y ninguna es instantánea.

  1. Registro. Inmediato, salvo que el registro nacional pida documentación.
  2. Apuntar la dirección a la herramienta. Se hace en unos minutos, pero el cambio tarda en llegar a todas partes, a veces horas.
  3. El candado del navegador. El certificado se emite solo después del paso anterior. Hasta que llega, algunos navegadores enseñan un aviso feo.
  4. La comprobación real. Abridla desde datos móviles y no desde vuestro wifi, y desde un móvil que nunca haya entrado en la página.

Regla práctica: que la dirección esté funcionando al menos dos semanas antes de mandar nada a imprenta, y que alguien ajeno a la pareja la abra y os diga qué ve. Una dirección impresa que el primer día devuelve un aviso de seguridad genera una tanda de mensajes preguntando si la boda sigue en pie.

4. Lo que la dirección cuenta de vosotros sin que la abráis

Una dirección de internet es pública por diseño, y eso incluye dos cosas que casi nadie tiene en cuenta.

La primera es el nombre en sí. Si la dirección junta vuestros dos apellidos y la fecha, ya está diciendo quiénes sois y qué día no vais a estar en casa, y lo dice sin que nadie entre en la página. Los registros nuevos se publican a diario y hay quien los lee. La segunda es más técnica y sorprende a mucha gente: cada vez que una dirección obtiene el candado del navegador, su nombre queda anotado en unos registros públicos de certificados que cualquiera puede consultar. Ni siquiera hace falta que la hayáis enlazado en ningún sitio. Por eso «que nadie sepa la dirección» nunca ha sido una medida de protección; quien protege el contenido es el acceso de invitados, y eso se trata en contraseña o código de invitación.

Y después están los datos del titular. En las extensiones genéricas, la información personal de un particular ya no se muestra abierta en las consultas públicas, pero sigue existiendo y el registrador la conserva. Algunos registros nacionales, en cambio, todavía publican el nombre del titular, y no todos aceptan un servicio de privacidad. Comprobad qué se publica en el vuestro antes de registrar, y si la respuesta no os convence, quedaos con el subdominio incluido: ahí no hay ningún titular que publicar. Qué obligaciones acarrea todo lo demás se explica en protección de datos en una web de boda.

5. Qué hacer con la dirección cuando la boda ya pasó

Una dirección propia no caduca en silencio y sin consecuencias: caduca, vuelve al mercado y puede acabar en manos de cualquiera. Como el nombre está impreso en las invitaciones que la gente guarda y en los códigos QR de las tarjetas, conviene decidir el final antes de llegar a él.

  • Si la dirección solo llevaba a la información de los invitados, dejadla caducar cuando ya no reciba visitas, y desactivad antes la página para que no quede colgada.
  • Si queréis conservarla como recuerdo, renovadla y haced que lleve a una página breve con las fotos y los agradecimientos.
  • Si la vais a dejar, marcad en el calendario la fecha de caducidad y anulad la renovación automática a mano. Un cargo anual que nadie revisa se paga durante años.

El subdominio incluido evita este capítulo entero: termina cuando termina el paquete y no deja nada que renovar ni que vigilar. Cuánto tiempo debería seguir en pie la página, que es una decisión distinta de esta, se calcula en pago único frente a suscripción.

El subdominio incluido le sirve a la mayoría de las parejas, y le sirve precisamente porque no hay que hacer nada con él. El dominio propio compensa cuando el nombre va impreso en algo que se va a conservar y queréis que sea vuestro, con el titular por escrito y una fecha de renovación anotada.

Cómo funciona en nuestro caso, con subdominio incluido y dominio propio opcional, está en la página de dominio de la web de boda. Y si aún no tenéis claro qué páginas va a llevar esa dirección, empezad por las funciones que hacen falta.

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