¿Cómo ponemos el nombre de cada invitado?

¿Cómo ponemos el nombre de cada invitado?

10 min de lectura

Poned en el sobre exactamente a las personas que están invitadas: nombres propios significan esas personas, un apellido de familia incluye a los niños. Usad tratamientos solo si el resto de la invitación es formal, no inventéis nunca un tratamiento del que no estéis seguros y no fundáis dos apellidos distintos en uno.

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Cómo se rotula un sobre es la afirmación más vinculante de todo el envío. La tarjeta dice cuándo y dónde; el sobre dice quién. Si pone «Familia Ruiz Ortega», hay cuatro personas que se consideran invitadas. Si pone «Lucía Ortega y Javier Ruiz», hay dos.

Eso convierte el rotulado en una cuestión de claridad más que de protocolo, aunque el nerviosismo esté todo en el protocolo. Los tratamientos también se han movido en la última década: «Srta.» ha caído casi del todo porque marcaba el estado civil, «Sra.» vale hoy para cualquier mujer adulta sea cual sea su situación, y muchas parejas prescinden directamente de los tratamientos.

Este artículo da una tabla de fórmulas para los casos habituales y después resuelve los que necesitan pensarse: acompañantes, niños, títulos profesionales y personas cuya situación ha cambiado desde la última vez que les escribisteis.

1. Con tratamiento o sin él

Decidid una sola vez si vuestras invitaciones llevan tratamiento y aplicadlo a la lista entera. Un montón en el que la mitad de los sobres pone «Sra. Dña. Lucía Ortega» y la otra mitad pone «Lucía Ortega» se lee como incoherencia, no como cercanía.

El tratamiento encaja en una invitación formal: boda religiosa, banquete de etiqueta, lista de invitados con muchas personas mayores. Sin él, la invitación se lee actual y algo más cálida, y para la mayoría de las bodas de hoy esa es ya la opción más natural.

Si los usáis, las convenciones actuales son sencillas. Sra. es la opción segura para cualquier mujer adulta y no dice nada de su estado civil. Srta. está prácticamente reservado hoy a las niñas, y a bastantes mujeres les molesta recibirlo con cuarenta años. D. y Dña. son el escalón más ceremonioso, van delante del nombre completo y encajan cuando invitan los padres. Y no existe en castellano un tratamiento neutro de uso corriente para quien no usa ninguno de los dos: en ese caso la respuesta honesta es el nombre a secas.

Los títulos profesionales van por delante de los sociales. A un invitado que es médico se le pone «Dr. Javier Ruiz» o «Dra. Lucía Ortega»; con un cargo militar, judicial o eclesiástico funciona igual. Cuando en una pareja una persona tiene título y la otra no, nombradlas por separado en lugar de intentar combinarlas.

Y una regla que ahorra más problemas que ninguna otra: en la duda, quitad el tratamiento en vez de adivinarlo. Un sobre con el nombre a secas no molesta a nadie. Un sobre con el tratamiento equivocado sí, y es de las cosas que la gente recuerda.

Quién está invitado lo dice el sobre, no la tarjeta. Y todo el mundo lo lee así, lo hayáis querido decir o no.

2. Los casos habituales

Estas fórmulas cubren la gran mayoría de cualquier lista de invitados.

InvitadoFormalActual
Matrimonio, fórmula tradicionalSres. de Ruiz MolinaLucía Ortega y Javier Ruiz
Matrimonio, nombrando a los dosSr. D. Javier Ruiz Molina y Sra. Dña. Lucía Ortega SanzJavier Ruiz y Lucía Ortega
Pareja que convive sin estar casadaSr. D. Javier Ruiz y Sra. Dña. Lucía OrtegaJavier Ruiz y Lucía Ortega
Familia con los niños invitadosSres. de Ruiz Molina, Marta y PabloFamilia Ruiz Ortega
Invitado solo, con acompañanteSra. Dña. Lucía Ortega y acompañanteLucía Ortega y acompañante
Invitado solo, sin acompañanteSra. Dña. Lucía OrtegaLucía Ortega
Invitado con título profesionalDra. Dña. Lucía Ortega y Sr. D. Javier RuizDra. Lucía Ortega y Javier Ruiz
Dos personas que comparten piso, las dos invitadasSra. Dña. Lucía Ortega y Sra. Dña. Elena VeraLucía Ortega y Elena Vera

Hay una fila en la que conviene pararse. «Familia Ruiz Ortega» es cálido y cómodo, e incluye a todos los niños de la casa, que es exactamente lo que queréis o exactamente lo que no. Si los niños no están invitados, no la uséis nunca.

Y una advertencia propia del castellano: aquí nadie cambia de apellidos al casarse, así que la fórmula «Sres. de Ruiz Molina» hace desaparecer los apellidos de ella. Es correcta en el protocolo tradicional y hay invitadas a las que sienta francamente mal. Si tenéis alguna duda con una pareja concreta, nombrad a las dos personas con sus apellidos y no os equivocáis. Lo que no se hace nunca es fabricar un apellido compuesto uniendo el de cada uno con un guion: eso solo se escribe si es de verdad su apellido.

2. Los casos habituales — ¿Cómo ponemos el nombre de cada invitado?

3. Niños y acompañantes

Escribir los nombres de los niños en el sobre es la forma más cariñosa de decir que están invitados, y también la más clara. Los niños nombrados están invitados; los que no aparecen, no. Esa convención se entiende bastante bien, aunque no de forma universal, y por eso conviene reforzarla con una línea en la tarjeta de información.

Si los niños no están invitados, dejad los nombres fuera y añadid una frase: «Vamos a hacer una celebración solo para adultos y ojalá aun así podáis acompañarnos.» La segunda mitad importa. Reconoce que estáis pidiendo algo.

A los niños de más de ocho años les hace mucha ilusión su propio sobre. El coste es una tarjeta de vuestra reserva y un sobre más, y el efecto es desproporcionado: a esa edad casi nunca reciben correo, y una invitación a su nombre se guarda hasta el día de la boda.

Con los acompañantes vale el mismo principio. Si sabéis el nombre de la pareja, escribidlo: es mucho más cálido que «y acompañante». Si no lo sabéis, «y acompañante» es correcto, pero solo cuando la plaza está de verdad asignada. Si la decisión sigue abierta, no escribáis nada; un acompañante ofrecido no se puede retirar.

Y a quien no trae a nadie, no le escribáis nada que lo señale. Una invitación a una sola persona no necesita ninguna nota sobre venir sola, y añadirla es la forma más habitual de que alguien se sienta contado en vez de invitado.

4. Situaciones que piden cuidado

Padres separados o divorciados. Cada uno recibe su propia invitación en su propia dirección, aunque vayan a ir los dos. Un sobre conjunto a una pareja separada se lee como una toma de postura, la hayáis querido tomar o no.

Invitados viudos. Usad su propio nombre por derecho propio. El protocolo antiguo mantenía a veces el apellido del marido fallecido con el «viuda de»; hoy es poco frecuente y puede doler. Si no sabéis si sería bienvenido que viniera acompañado, ofreced el acompañante: no hace falta usarlo.

Parejas nuevas a las que no conocéis. Preguntad el nombre en vez de escribir «y acompañante». Un mensaje de dos minutos se lee como atención, y el nombre en el sobre hace que esa persona se sienta invitada y no admitida.

Invitados que han cambiado de nombre este año. Bodas, separaciones y cambios en el Registro Civil pasan justo entre el momento en que hicisteis la lista y el momento en que rotuláis los sobres. Repasad a todo aquel de quien sepáis que le ha cambiado algo.

Parejas del mismo sexo. No hay ningún orden heredado que seguir, y eso es una pequeña ventaja: elegid uno —alfabético, o primero la persona a la que conocéis mejor— y aplicadlo de forma coherente a toda la lista.

Casas donde el nombre del buzón es otro. Añadid una línea con «a la atención de» encima de la calle y no debajo, y comprobad cómo se escribe con el propio invitado. Una invitación perfectamente rotulada a un nombre que no está en el buzón sigue siendo una invitación que no llega.

4. Situaciones que piden cuidado — ¿Cómo ponemos el nombre de cada invitado?

5. Doble sobre, entrega en mano y la línea a mano

Las invitaciones formales anglosajonas usan dos sobres: uno exterior con la dirección completa y uno interior —sin cerrar y sin dirección— que nombra exactamente a quién se invita. Es una costumbre que aquí no es la norma, y que en las imprentas españolas se pide poco: en España lo habitual es un solo sobre.

Lo interesante es para qué existía ese sobre interior, porque resuelve justo el problema de quién está invitado. Sin él, el sobre exterior tiene que hacer ese trabajo solo, que es exactamente por qué importan tanto las fórmulas del apartado dos. O sois específicos en el sobre, o añadís una línea en la tarjeta de información, pero no lo dejéis a la deducción.

Hay además una costumbre muy española que cambia el planteamiento: una parte de las invitaciones no se echa al correo, se entrega en mano. Si es vuestro caso, el sobre no lleva dirección y solo lleva el nombre, y podéis permitiros un sobre más grande o un lacre que en Correos os habría costado dinero. Separad los dos montones desde el principio, porque el que se envía tiene reglas de tamaño y peso y el que se entrega no tiene ninguna.

Una línea escrita a mano es la otra manera de hacer personal una tarjeta impresa, y es donde va el cariño. «Lucía, sin ti no sería lo mismo.» Dos frases como mucho, escritas después de que lleguen las tarjetas y no antes, por si hay que reimprimir algo.

Repartíos la lista entre los dos y que cada uno escriba a la gente que conoce mejor. Se tarda menos, suena más verdadero y aun así deberíais firmar los dos todas las tarjetas. Y apuntad quién ha quedado rotulado de qué manera: tres semanas después, cuando pidáis diez más, no se va a acordar nadie.

Una sola decisión coherente sobre los tratamientos, sobres que nombren exactamente a quién invitáis, niños escritos o explícitamente excluidos y una línea a mano para el cariño: con eso el rotulado está resuelto. El paso siguiente es vuestra lista de invitados: añadid una columna con el texto exacto del sobre antes de escribir el primero.

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