¿Cómo se hace un brindis en una boda?

¿Cómo se hace un brindis en una boda?

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Un brindis es levantar la copa al final de unas palabras cortas. Se pone uno de pie, dice quién es, habla de dos a cinco minutos, nombra a quien va dirigido y pide a la sala que levante la copa. Los invitados se levantan, brindan, dan un sorbo y se sientan. Nadie brinda por sí mismo.

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El brindis es la parte de una boda en la que más expuestos se sienten todos, tanto quien tiene el micrófono como la sala, porque casi nunca se le explica a nadie qué se supone que hay que hacer.

Aquí está la mecánica y no la redacción: quién brinda tradicionalmente por quién, en qué orden van, qué hace un invitado mientras alguien brinda y los casos incómodos. Incluidos que os pidan unas palabras sin avisar y brindar cuando no bebéis. Un aviso de partida: una boda española lleva muchos menos discursos que una anglosajona, y quien copia el modelo de las películas acaba con una sobremesa de una hora.

1. Quién brinda por quién, y en qué orden

En España no hay un protocolo cerrado como el británico, con su padrino de boda y su ronda obligatoria. Lo que hay es una costumbre bastante estable, y en cualquier caso son convenciones y no requisitos.

Quién hablaBrinda tradicionalmente porCuándo
El padre de la novia, o cualquiera de los padresLos noviosEl primero, al final de la comida
Los novios, juntos o por turnosLas familias y quien ha viajadoSuele cerrar la ronda
Un hermano o una hermanaLos noviosMuy habitual aquí, y casi siempre el más emotivo
Los amigos, con vídeo o con cartaLo que ellos elijanEn los postres, y es donde más se alarga
Cualquier otra persona invitada a hablarQuien decidaDonde lo coloquen los novios

Dos cosas sobre esa lista. Está muy marcada por el género de herencia y prácticamente nadie la sigue al pie de la letra: que hablen los dos, que hable una madre o que hable una amiga en lugar de un hermano son cosas que ya no llaman la atención de nadie.

Y el total importa más que el orden. Tres intervenciones de cinco minutos son un buen rato de boda. Seis de diez minutos son una hora sentados después de una comida grande, y la sala no lo aguanta. Si quiere hablar más gente de la que cabe en el día, la cena de la víspera es el desagüe natural.

Un brindis no es un discurso con una copa al final. Es una frase, y el discurso es lo que se la gana.

2. La mecánica del brindis en sí

El brindis son los últimos veinte segundos y tiene una forma fija. Todo lo anterior es el discurso.

  1. Levantaos y conseguid atención. No golpeéis la copa con un cubierto en un salón de ciento cincuenta personas; pedid al maître o al DJ que os anuncie.
  2. Decid quién sois. Media sala no lo sabe. Una frase: soy Tomás, conozco a Ana desde los once años.
  3. Hablad. De dos a cinco minutos. Corto es casi siempre mejor.
  4. Anunciad el giro. Una fórmula sencilla funciona mejor que nada: «así que acompañadme» o «levantad todos la copa».
  5. Nombrad el brindis. Por los novios. Por Ana y Tomás. Por los que no están.
  6. Levantad, esperad un segundo, bebed. Y sentaos. Sentarse a tiempo es una habilidad.

Dos apuntes prácticos. Aseguraos de que todo el mundo tiene algo en la copa antes de empezar, lo que significa avisar a quien esté sirviendo; un brindis con un tercio de la sala sujetando una copa vacía se cae solo. Y sujetad la copa a la altura del pecho y no por encima de la cabeza, que es la diferencia entre un brindis y un grito.

Si hay micrófono, usadlo aunque creáis que no os hace falta. Los salones con techos altos y mucha tela se comen una voz sin amplificar en unos cuatro metros.

2. La mecánica del brindis en sí — ¿Cómo se hace un brindis en una boda?

3. Qué hacen los invitados

Esto no lo explica nadie, así que la gente copia a quien se mueve primero. Las convenciones son sencillas.

  • De pie si os lo piden, sentados si no. Seguid a quien esté brindando. Si media sala se levanta y media no, levantaos.
  • Levantad la copa, no la vaciéis. Un sorbo es el gesto entero.
  • No brindéis por vosotros mismos. Si sois una de las personas por las que se brinda, quedaos sentados, sonreíd y no levantéis la copa ni bebáis. Es la regla que más se incumple y la más fácil de recordar.
  • No os pongáis a chocar copas en una mesa grande. Funciona con cuatro personas y se convierte en un entreacto de cinco minutos con doce.
  • Soltad el móvil. Una sala de móviles levantados es lo que van a enseñar las fotos.

El momento importa más que todo lo anterior. Los invitados tienen que estar sentados y callados antes de que empiece el primero, y eso es trabajo de quien lleva el salón y no de quien habla. Un discurso empezado por encima del ruido de cuarenta conversaciones ya no se recupera.

Y una más, para quien recibe el brindis: unas gracias cortas después, desde el sitio o de pie, quedan bien y no necesitan ser un discurso. Con dos frases sobra.

4. Brindar sin alcohol

La tradición se agarra a la copa y no a lo que lleva dentro. Y de paso conviene decirlo: en España se repite mucho que brindar con agua da mala suerte. Es folclore sin nada detrás, del mismo tipo que casi todo lo que se cuenta en una boda.

Para los invitados vale cualquier bebida. Nadie en una boda está auditando copas, y el gesto es idéntico.

Para quien recibe, con un poco de previsión el problema desaparece del todo:

  • Que la opción sin alcohol se sirva en el mismo momento que el cava, y no haya que ir a buscarla a la barra después.
  • Usad la misma cristalería. Quien sujeta una copa distinta queda señalado a la vista.
  • Contad con más gente de la que creéis. Quien conduce, los embarazos, la medicación, la observancia religiosa y la simple preferencia suman, y que sea una quinta parte del salón no tiene nada de raro.

Esto importa más de lo que parece. El brindis es el único momento en el que se le pide a todos los invitados que hagan lo mismo a la vez, y es justo el momento en el que quien no tiene bebida más lo nota.

La misma lógica vale para los discursos que se apoyan en el alcohol como chiste recurrente. Suenan distinto en una sala que incluye a gente que ha dejado de beber, y una boda siempre la incluye.

4. Brindar sin alcohol — ¿Cómo se hace un brindis en una boda?

5. Los casos incómodos

Hay cuatro situaciones que salen lo bastante a menudo como para tener una respuesta estándar.

Os lo piden sin avisar. Levantaos, no paséis de sesenta segundos y usad la estructura más simple que existe: de qué los conocéis, una cosa concreta sobre ellos como pareja, y el brindis. No intentéis un chiste que no hayáis probado antes.

Ha muerto alguien importante. Un brindis por los que no están es la fórmula habitual, se coloca pronto y se deja en una o dos frases. Consultadlo antes con los novios, porque hay quien prefiere que se mencione con discreción y quien prefiere que no se mencione.

Alguien se alarga muchísimo. Este es un problema que previenen los novios, no que arregla la sala. Un límite dicho de antemano y un grupo avisado de empezar a tocar a una hora concreta hacen el trabajo sin que nadie pase vergüenza.

Un discurso se tuerce. Alguien dice algo que cae mal. La respuesta correcta del resto es dejarlo pasar, mantener el ánimo y seguir con lo siguiente. Reaccionar lo alarga; la sala olvida mucho más rápido que quien lo dijo.

Si organizáis vosotros, lo más útil que podéis hacer es decirle a cada persona que va a hablar cuánto dura, en qué orden va y a qué hora le toca, con mucha antelación. Esa información suele ir con el resto del horario del día en vuestra web de boda, que además es donde va a buscarla alguien nervioso a las once y media de la noche anterior.

Que el discurso sea corto, que el brindis sea una sola frase con nombres, comprobad que las copas están llenas antes de empezar y recordad que nadie brinda por sí mismo. Y si organizáis vosotros, decidid pronto el orden y los tiempos y decídselos a quien va a hablar, porque una sala perdona mucho antes un mal discurso que uno largo.

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