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Seleccionad en tres pasadas y no en una. Primera pasada: fuera todo lo que técnicamente no sirve, que suele ser entre el 30 y el 40 por ciento. Segunda: una foto por momento, no por disparo. Tercera: recortar hasta el número que pide aquello que vais a hacer de verdad. Ochocientas imágenes se quedan en sesenta o cien, en una tarde y no en un año.
La selección no se atasca porque haya demasiadas fotos, sino porque no hay ninguna regla. Si abrís 800 archivos y os preguntáis de cada uno si es bonito, habéis tomado 800 decisiones distintas sin ningún criterio detrás. Clasificad primero y comparad después, y el trabajo termina. Aquí van el método, los números que pide cada uso —álbum, pared, agradecimientos, galería de invitados— y las tres formas en las que las parejas se quedan encalladas.
1. Primera pasada: solo lo técnico
En la primera pasada no juzgáis ni el contenido ni la emoción. Juzgáis el oficio, que es rápido porque no es cuestión de opinión. Fuera:
- todo lo movido o desenfocado cuando está claro que no era la intención
- ojos cerrados, bocas a medio abrir, cabezas cortadas por el borde del encuadre
- gente masticando o a mitad de una sílaba con una cara desafortunada
- ráfagas en las que entre un disparo y el siguiente no cambia nada
- cualquier cosa con un estorbo en primer plano: una espalda, un móvil, una copa delante de una cara
Contad con descartar mucho. De 800 archivos entregados os vais a quedar con 450 o 550, y eso es sano. Un fotógrafo que ya ha hecho una criba dura entrega menos archivos y vosotros quitaréis proporcionalmente menos.
Usad puntuaciones y no dos carpetas. Casi cualquier aplicación de fotos, incluida la que ya tenéis en el ordenador, admite estrellas o marcas. Una estrella para lo que se queda, nada para lo que se va, y filtráis al final. Mover archivos es más lento y crea duplicados que después no vais a saber distinguir. Y no os paréis: dos segundos por foto bastan para decidir si está nítida. Ochocientos archivos se despachan así en media hora.
Una foto se guarda no porque sea buena, sino porque cuenta algo que no cuenta ninguna otra.
2. Segunda pasada: un momento, una foto
Ahora ordenad por momentos y no por imágenes. Una boda tiene entre 25 y 40 momentos distinguibles, los mismos que va repasando la checklist de fotos que se prepara antes de la boda: los preparativos, la llegada, la entrada, los anillos, la salida, las felicitaciones, el aperitivo, el primer discurso, el segundo, la tarta, el primer baile y así sucesivamente. De cada uno os quedáis con exactamente una foto, más como mucho una alternativa si las dos son de verdad distintas.
Suena severo, y por eso funciona. Obliga a preguntarse qué hace una foto en lugar de si es bonita. Dos encuadres casi idénticos del mismo beso no os cuentan una cosa dos veces: os la cuentan una.
Hay dos excepciones en las que podéis ser generosos. La primera, las fotos de grupo con gente que no aparece en ninguna otra: que no haya ni una foto de una tía abuela es una pérdida de verdad, que falte una segunda foto de vosotros dos no lo es. La segunda, las secuencias que describen un movimiento, como el arco segundo a segundo de la reacción de alguien. Esas series de tres o cuatro quedan estupendas en una doble página y son la única buena razón para conservar varias de un mismo momento.
Hay una pregunta que quita el gusto personal de la decisión: ¿qué me cuenta esta foto que no me cuente ninguna otra? Si la respuesta es que además es bonita, fuera. Si la respuesta es que se ve llorar a vuestro padre, se queda, aunque técnicamente sea la peor de las dos. Después de esta pasada deberíais estar entre 90 y 140 fotos: siguen siendo demasiadas, pero ahora cada una tiene un motivo.
3. Tercera pasada: recortar hasta un número
Solo ahora importa para qué son las fotos. Sin un número objetivo, la selección no tiene final.
| Uso | Número razonable | Qué buscar |
|---|---|---|
| Fotolibro de 40 a 60 páginas | 60 a 90 | cronológico, momentos antes que retratos |
| Álbum del fotógrafo, 30 dobles páginas | 40 a 60 | menos y más grandes; una foto sostiene una página |
| Copia o serie para la pared | 1 a 5 | mucha resolución, fondo tranquilo, cuidado con la orientación |
| Tarjeta de agradecimiento | 1 o 2 | que se os reconozca a los dos y quede sitio para el texto |
| Galería para los invitados | 120 a 200 | que cada invitado salga al menos una vez |
| Padres y testigos | 20 a 30 para cada uno | seleccionadas una a una, no el mismo lote para todos |
La galería de invitados es la única fila en la que más es mejor: no es vuestra selección, es un sitio donde la gente se busca a sí misma. Todas las demás empeoran con cada archivo de más.
Decidid el uso antes de recortar. Un álbum y una serie de pared piden fotos distintas: el álbum vive de los momentos y de las miradas, la pared de la quietud y de la resolución. Y si pensáis imprimir en grande, preguntad al fotógrafo por las dimensiones de los archivos: para una copia de unos 90 centímetros de ancho conviene tener al menos unos 4.000 píxeles en el lado largo.
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4. Decidir en pareja sin quedarse atascados
La selección casi nunca falla por las fotos. Falla por el procedimiento. Tres reglas lo evitan:
- Primero por separado, después juntos. Cada uno marca por su cuenta y luego comparáis. Lo que hayáis marcado los dos está decidido y no se discute: suele ser entre el 60 y el 70 por ciento del total.
- Tres vetos cada uno. Cada uno puede eliminar tres fotos sin justificar nada, por mucho que le gusten al otro. Casi siempre va de cómo sale uno en ellas, y eso no es algo que se deba discutir.
- Una ventana, no una temporada. Reservad una tarde, y una segunda más corta una semana después para el recorte final. Si lo dejáis abierto, el año que viene seguiréis abriendo la carpeta.
No lo hagáis en el móvil. Las pantallas pequeñas favorecen a casi cualquier foto, y la nitidez y la composición solo se ven a un tamaño decente. Mirad además la lista corta una vez seguida y en el orden en que va a quedar: las repeticiones son invisibles de una en una y evidentes en secuencia.
Si aun así os quedáis empatados, enseñad la lista corta a alguien que estuviera allí pero no en el centro del día. Esa persona ve al instante qué fotos cuentan algo y cuáles os dicen algo solo a vosotros porque recordáis lo que pasó dos segundos antes. Los testigos son buenos para esto; vuestros padres menos, porque ya tienen su propia selección en la cabeza.
5. Qué pasa con todo lo demás
Las fotos descartadas no se borran. La experiencia llana es que dentro de cinco años una foto movida de alguien que ya no está importa más que el retrato perfecto. Borrad solo los archivos técnicamente inservibles de la primera pasada y archivad el resto.
Funciona bien una estructura de tres niveles: la entrega completa del fotógrafo, intacta; vuestra selección; y los archivos que fueron de verdad a imprenta. Cuando dentro de dos años haya que repetir una copia, encontraréis el archivo bueno en segundos en lugar de en una hora.
Acordaos también de las fotos que no vienen del fotógrafo. Entre todos, los invitados disparan más que el profesional y cogen ángulos que ninguna cámara contratada tiene: la mesa desde dentro, la salida a fumar, el niño debajo del tablero. Si montasteis una web de boda con galería compartida, esas fotos ya están reunidas en un sitio, y merecen entrar en la misma selección antes de desaparecer en cincuenta móviles.
Tres pasadas, números objetivo claros y una tarde juntos convierten una tarea que muchas parejas aplazan durante meses en algo con final. Lo único que importa de verdad es mantener el orden: descartar por oficio, decidir por momento y recortar hasta un número. El siguiente paso sensato es hacer una copia de seguridad decente de la selección antes de mandarla a imprimir a ningún sitio.
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